Historia de la Cofradía

La imagen de la Virgen de las Angustias, obra no documentada pero claramente atribuible al escultor Juan de Juni, que se venera en la Iglesia Penitencial del mismo nombre, es una obra de la última etapa de este escultor francés asentado en Valladolid y cofrade que fue de dicha penitencial. En ella quiso representar a la Virgen de la Soledad que habría de cerrar el cortejo procesional de la Cofradía que por aquel entonces contaba con otra imagen titular: una Virgen de la Piedad conocida con el nombre de la "Virgen de las Angustias". Esta imagen se conserva hoy en la Sala de Cabildos de la Cofradía.   
Con el paso del tiempo, el arraigo y la devoción que los fieles sentían hacia la imagen de Juan de Juni, hicieron que pasase a convertirse en la imagen titular de la cofradía, bajo la advocación de Nuestra Señora de la Soledad y sus Angustias. Esto es un hecho importante ya que, si en el resto de España la advocación de las Angustias se refiere a la Virgen de la Piedad, en Castilla, por influjo de la obra de Juni, se denominará de esta manera a las imágenes de la Soledad de María derivadas de esta tipología.



Juan de Juni presentó a la Virgen desplomada sobre una roca al pie de la cruz. Está sola y desfallecida, de ahí la primitiva denominación de "la Soledad". La posición del cuerpo es completamente manerista, formando todo él una profunda curva. María mira hacia lo alto, a la cruz de la que pende el cuerpo de Cristo, busca el apoyo de la mano izquierda en la roca sobre la que está tendida, provocando con esto una forzada posición del hombro. La mano derecha sobre el pecho, con los dedos corazón y anular juntos como símbolo de su voluntad de entrega al Hijo hasta el último momento. La expresión del rostro de la Virgen es profundamente desgarradora, con influencias de la escultura del Laoconte y un filtrado influjo miguelangelesco. 

 

            La escultura se concibe como obra exenta por su carácter procesional, y por este mismo motivo está policromada en su totalidad. Esta policromía sigue los dictados del gusto renacentista español. Dirigida probablemente por el propio Juni, está formada por unos estofados riquísimos, sombreados etc. todo ello en función de un acabado perfecto para una escultura tan magna.
La obra experimentó una gran trascendencia en Castilla desde el mismo momento de su realización y durante los siglos XVII y XVIII. En esta época, aunque imperando los gustos barrocos, el culto a la Virgen de las Angustias fue protagonista de un gran desarrollo. Fue reproducida y dada a conocer por medio de grabados y esculturas de bulto. Así, se pueden citar obras como la Virgen de las Angustias de Becerril de Campos, la de la iglesia de la Cruz de Salamanca, la de San Miguel de Cuéllar, Medina de Rioseco o la de la antigua iglesia de la Compañía de Jesús en Valladolid.

            Es en este contexto donde se puede enmarcar la imagen de Nuestra Señora de las Angustias que procesiona la Cofradía de Exalumnos Maristas de Segovia. Esta escultura fue hecha con un carácter eminentemente procesional ya que se encuentra totalmente vaciada para aligerar su peso. Probablemente tuvo relación con alguna cofradía vinculada a los franciscanos, grandes favorecedores de las procesiones, aunque no exista documentación que así lo acredite.
Es una obra datable con toda certeza entre finales del siglo XVII y principios del XVIII por una serie de peculiaridades. Si bien la imagen copia en todo la tipología de la Virgen vallisoletana antes descrita, no puede ser considerada escultura del siglo XVI. En primer lugar hay que hacer referencia a la expresión del rostro, menos forzado y bastante más contenido que el de la imagen de Juni. Es Virgen de cara angustiada pero serena, que recuerda obras de Gregorio Fernández como Nuestra Señora de la Vera Cruz o la Quinta Angustia, ambas en la ciudad de Valladolid. Por estos detalles puede ser incluida en el círculo de los escultores de la escuela castellana que influidos por los grandes maestros, Fernández y Juni, desarrollaron su obra escultórica en este período.

            Pero existe también otro detalle bastante revelador a la hora de establecer una cronología. Me refiero a la policromía original descubierta en una restauración hace unos años. Esta policromía sigue ciertamente los colores con los que se caracteriza la Virgen de las Angustias de Juan de Juni, pero sin embargo no aparecen el uso del estofado ni ápice alguno de lujo. Este hecho hay que relacionarlo con la celebración del Concilio de Trento y la posterior Contrarreforma, abogados defensores de un arte sobrio y austero. Por este motivo las obras posteriores a Trento se presentan despojadas del lujo, del dorado y de la fastuosidad.

            Por tanto, teniendo en cuenta esta serie de características, se puede afirmar con certeza que nuestra imagen fue realizada por algún escultor de finales del siglo XVII, principios del siglo XVIII que supo aunar en su obra las características de los grandes maestros de renacimiento y el barroco castellano.


            No quisiera terminar este artículo referente al influjo de la imagen de las Angustias en la ciudad de Segovia sin hacer referencia a una imagen bastante menos conocida por los segovianos. Se trata de una escultura de pequeño formato, conocida antaño con el nombre de "Nuestra Señora de los Cuchillos" (en referencia a estos atributos de los dolores que portaba sobre su pecho), que se guarda en la Iglesia Parroquial de San Andrés. Esta escultura carece de valor artístico destacable, pero es un claro exponente del auge y la profunda devoción que experimentó la advocación de las Angustias de Valladolid. 

            Tipológica y compositivamente copia la imagen labrada por Juni, con cierto grado de aproximación al modelo en lo referente a la expresión del rostro pero sin ningún alarde artístico o técnico destacable. En los archivos de la iglesia de San Andrés se encuentra documentada como obra propiedad de los "Siervos del Corazón Doloroso de María", los "servitas" que tenían su sede canónica en este templo. Se sabe que fue legada en su testamento a la hermandad por Don Casimiro Díaz de Pando, hermano de dicha congregación que tenía su residencia en la ciudad de Valladolid a principios del siglo XVIII. Por tanto puede adscribirse en la serie de pequeñas copias hechas para la devoción privada que tuvieron gran desarrollo en el ámbito vallisoletano.

            Como conclusión solo cabe afirmar que nos encontramos ante un caso clarísimo de la expansión de un modelo que traspasó límites comarcales y provinciales. Favorecido esto por una devoción y una estética propicias y que hoy sigue gozando de una importancia de primera magnitud tanto en el ámbito religioso como en el artístico.

 

 Daniel Cuesta Gómez sj

 

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