Parte III

Mi querido amigo “soplagaitas”:

    Me asombra que solicites las segundas conversaciones del Cristo/Agapito, cuando sabes muy bien que los dos hemos estado presentes y siguiendo con atención la entrevista que han mantenido estos años, y aún cuando nos comprometimos a mantener el secreto, creo que los principales afectados tienen derecho a conocerlas; ahora bien dejando bien claro que esto que os voy a relatar no debe salir de nuestro ámbito.

  Empiezo por señalaros algo que supongo que todos habréis observado y es el detalle de que una vez pasado el Arco del Socorro, mi amigo Eduardo “el soplagaitas” hace dos cosas, como Jimenez. La primera, mandarnos silencio y la segunda, bajarse a la parte posterior de la banda,  para ponerse a mi lado y poniendo el oído bueno en dirección a Agapito, prestar la atención que el momento merece.

Pues bien, aquel año, con el tema de la carroza nueva y la cuestión de Pepe Huertas de pasar lo más raso posible con respecto al Arco ocurrió que el Cristo, tras saludar a Agapito de la manera acostumbrada, le manifestó sus miedos sobre el mantenimiento de su integridad física, a lo que contestó Agapito que no se preocupase, que para eso estaba él controlando, ya que desde su pedestal lo veía todo perfectamente. Con ello el Cristo se descuidó y como quiera que Pepe Huertas apuró demasiado por el lado en el que Agapito no ve, pues pasó lo que tanto Eduardo como yo veíamos que iba a ocurrir, pues sin tiempo para reaccionar por nuestra parte, ¡PUM y más PUM! ... vamos que la Cruz desconchada y el Cristo independientemente de lo que ya llevaba, un chichón nuevo.

 Parece ser que los romances cantados le apaciguaron el ánimo, pero aún así el tema le contrarió mucho, por lo que cuando Agapito, tras las disculpas de rigor y meternos a Eduardo y a mí en un compromiso cuando inquirió: “¿a que vosotros también veíais que pasaba?”. Yo, como es lógico, le eché la culpa a Eduardo diciendo que estaba a otra cosa en ese momento. Bueno, pues el  Cristo le preguntó por nuestra música; "Agapito, ¿cómo ves ese año a la banda?", a lo que el interpelado contestó: "Yo sólo soy músico, hago lo que puedo, pero lo de los milagros va de tu cuenta, por favor échanos una mano".

 El Cristo, con toda su grandeza, lejos de mostrarse molesto habló de esta manera: "Tengo que deciros dos cosas, como Jimenez, una buena y una mala, la buena es que vamos a solucionarlo y la mala es que vista la faena que me habéis hecho, deberéis hacer algún sacrificio que purgue vuestra torpeza”. 

Visto lo anterior el Cristo se quedó pensativo y dijo: "Vamos a hacer una prueba, para lo que preciso parar el tiempo y que dos colaboradores tuyos te ayuden, pues tú con tus años no puedes estar para arriba y para abajo todo el tiempo". Efectivamente, dicho y hecho. Se paró el tiempo, la luz de los faroles se fue apagando y llegó un momento en el que Agapito nos mandó desfilar... ¡menudo desastre!. Pero nada fuera de lo habitual, a su vez nos mandó tocar y nos salió apañado, pero eso no gustó al maestro (musical), por lo que nos pidió ciertas modificaciones, "cambia al primero de la derecha y ponle al centro", esos tambores no tienen calidad suficiente, esas baquetas, cortas y escasas... vuélveles para atrás”. Y así, una y otra vez, yo conté hasta quince, eso sí paramos una de las veces en la tapia del matadero, pues aunque ni vuestra mente, ni la del público  controlaban la situación, no se podía decir lo mismo de vuestras vejigas.

Llegado este momento, comprenderéis que los dos colaboradores éramos los de mejor ritmo musical, es decir los elegidos por la madre naturaleza por nuestra predisposición para la armonía y la exquisitez musical. Evidentemente con este equipo de virtuosos, Agapito, Eduardo y Luis, no podía salir otra cosa que algo cercano a la perfección. Lo que se pudo se sacó el año pasado y lo que restaba, ya se metió en las cabezas de los responsables para que, creyendo que era idea suya se pusiera en práctica en el futuro; y así al pasar el Presidente de la Cofradía se le indujo la idea de comprar unos tambores nuevos, cuando pasó Gonzalo, se le indujo la idea de cobrarnos 10 euros para comprar mas tambores y baquetas, cuando pasaron Paco Soto y Fernando Saez se les indujo la idea de practicar tocando durante todo el año para conseguir un buen redoble, y a Fernando le quedó la idea de tocar todo el rato todo lo que supusiera música; y de ahí le viene la afición de tocar en todos los timbres de las casas que se le presentan. A Emilio optamos por sacarle de tambores y ponerle una cosa mas sencilla, por lo que decidimos darle una dulzaina... . Con ello, los cambios posicionales y con las prácticas hechas, ya quedó el trabajo medio hilado y preparado para el 2008, por lo que ya pasado el ensayo, volvió el tiempo a correr y siguió la procesión.

Prueba de lo que os estoy contando es el enorme dolor de piernas con que llegasteis a plaza el año pasado, que no tiene nada que ver con la agilidad de este último Jueves Santo ¿os acordáis?.

 Llegado a este punto os preguntareis por el sacrificio que se nos impuso y aquí os tenemos que referir que se nos propusieron varios a los que Eduardo, Agapito y yo nos negamos por considerarlos excesivos, en base a lo que entendíamos una falta leve, dolorosa pero leve. Se nos propuso dejarnos sin los caramelos del PP, y dijimos que no, luego se nos propuso dejarnos sin torrija y volvimos a negarnos, se nos propuso aumentar los días de ensayo y también nos pareció excesivo, con ello y tras una ardua negociación se llegó a un acuerdo, nuestro castigo, en lugar de afectar a todos los componentes de la banda lo llevarían aquellos que se mostraran mas reacios en las enseñanzas musicales y quedó de la siguiente manera: "Aquellos que mostraren menos aptitud musical purgarán por toda la banda llevando en sus manos una carraca que, como castigo, sólo accionaran al redoble, cuando pisa el pié izquierdo".

 Entendiendo que, en base a lo acontecido, el sacrificio no sería suficiente con las carracas del 2007, la banda siempre voluntariosa y sabiendo que se clavaba el muerto a dos o tres incautos de los casi cuarenta que somos, con una elegancia propia de bandoleros, no sólo aceptó la oferta, sino que añadimos en su nombre, que para purgar en condiciones, se conseguirían unas carracas mayores. Y es por ello que nuestros dos purgantes de este año llevaban unas carracas más grandes que las del año anterior, con el consiguiente suplemento para el suplicio “semanasantino”.

 … Y esto es todo, para el año que viene si estamos mas atentos, podemos seguir todos la conversación.

  Saludos y hasta otra, querido “soplagaitas”.

 

Por Luis Cuesta Albertos