Parte II

Quien no conozca la procesión de ADEMAR del Jueves Santo, se verá perdido en el recorrido que vamos a hacer, pero quién la conozca, se sorprenderá, como a mí me ha ocurrido, porque aún mirando el entorno, hasta que no llega la noche del jueves, no se ve la realidad del recorrido que efectuamos.

Yo tenía mis dudas sobre algo que presumía, pero mientras esperaba el inició de la procesión y mirando desde la explanada de los Maristas hacia el Socorro, en el silencio del gentío, tras el saludo a mi buen Agapito me lo explicó:  

“Ya te dije que la configuración de Segovia, por mucho que quieran decir los políticos y urbanistas tiene un sentido especial, tápate con el capuchón métete en la banda, piensa en lo que representa nuestra procesión y obsérvalo todo con otros ojos”. 

Así lo hice, y ya de entrada me llamó la atención el punto de salida, un lugar apartado, fuera del gentío donde nuestro Cristo se ha retirado durante un año. ¿Será casualidad o se asemeja mucho al retiro que tuvo antes de La Pasión?.

Estando yo en esto, sonó la orden de empezar a tocar, cosa que así hicimos, con una sorprendente coordinación, que imagino vendría por la intervención de Agapito, empezamos a caminar con el pum, pum, pum...... Y llegamos a la estatua de Cándido, con sus cochinillos; miro y lo veo claro, estamos siguiendo la Pasión del Evangelio de San Juan, que mejor representación de la última cena que nuestro maestro asador. Trato de recordar el relato de los hechos y entre pum, pum, pum...... y el lloro de la dulzaina me viene a la mente, “salió Jesús con sus discípulos al otro lado del torrente Cedrón, donde había un huerto donde prendieron a Jesús”. ¿Casualidad?; estamos pasando por encima del torrente del Clamores y vamos por las huertas de San Millán, llegando a los jardines del Paseo de los Tilos. 

Siguen redoblando los tambores y consulto nuevamente a la memoria, ¿qué ocurrió después?. Estando en esto, nos ponemos en fila de a dos, pues en el estrechamiento de “La Cruz Roja” no cabemos, y entonces rememoro que Juan refiere: “Simón Pedro y otro discípulo seguían a Jesús cuando entraron en el palacio de uno de los sacerdotes”. Exacto, estamos solos y entrando por la puerta del Socorro, punto de acceso a la ciudad amurallada, donde se encuentran los palacios y casas nobles. Allí se agolpa un gran gentío, ¿pedirán su condena, o simplemente vienen a revivir aquella caminata dolorosa que tantas y tantas veces hemos leído en Los Evangelios?. Pensando nuevamente en esto, la dulzaina empieza a llorar con las notas de composición de Teresa, mientras un silencio sepulcral deja oír los tambores destemplados, que han bajado su intensidad para no interferir en la conversación de Agapito y el Cristo. 

Salimos del recinto del Socorro y nuevamente solos, nosotros allí presentes, detrás con la luna la espalda la imagen del Cristo y mas atrás su madre, nuevamente se me va la cabeza con el pum, pum, pum...., para pensar en esta situación de hace dos mil años y que ahora se repite paso a paso, pues llegamos al Alcázar, ¿será el castillo de Pilatos donde se lavó las manos? ¿Estará Barrabás en su calabozo ansioso de que lleguemos para que le suelten en lugar del inocente?... Que impresionante el dar la curva y salir en subida hacia la plaza.

Detrás de nosotros se identifica la imagen que haciendo suya la letra del evangelio, “Tomaron a Jesús y cargando con la cruz le subieron al Gólgota”; si piensas en la situación y, mientras suenan nuevamente las dulzainas, quedas impresionado, pues ya no hay quien le libre de la muerte en cruz, sube en solitario, sin nadie que le consuele, tan sólo nosotros de testigos que con nuestro redoble seco al puro estilo castellano, sólo podemos ser observadores privilegiados del transcurso de la Pasión. 

Pum, pum, pum.... ¿qué nos queda?, ¿pueden existir mas semejanzas entre nuestro recorrido por Segovia y el relato del Evangelio?. Cuando me hago esta pregunta me viene a la mente la Verónica, y es justo cuando salen las monjas de Las Siervas de María para dar ese consuelo que aquel Jueves Santo nos relata el evangelista.

Seguimos nuevamente para llegar a lo alto de nuestro particular Gólgota y aunque piensas que no puede haber mas coincidencias, cuando reducimos el paso para dejar a nuestra Virgen en La Catedral, rememoramos el párrafo donde se relata, “Junto a la cruz estaba su madre, Jesús dijo al discípulo, ahí tienes a tu madre, y desde esa hora, la recibió en su casa”. Yo estoy seguro, porque así me lo ha dicho él mismo, que la bienvenida a esta su nueva casa, al menos por esta noche, se la da un gran discípulo, el bueno de San Frutos, también amigo de Agapito y de nuestra cofradía. 

“Finalmente José de Arimatea, junto con Nicodemo, en un huerto, en el sitio donde le crucificaron, en un sepulcro nuevo pusieron allí a Jesús” y nosotros con dulzainas y tambores ¿qué estamos haciendo?. Estamos dejando a nuestro Cristo en el lateral de San Miguel, en un lugar vacío, cual el sepulcro nuevo, damos los honores y nos vamos dejando la imagen dentro y con la puerta cerrada. 

Sin darnos cuenta, nos vamos a casa habiendo vivido todos los momentos de la pasión, en un entorno, que sin querer, ¿o no?, o puede que provocado por alguna circunstancia nos ha dejado ver todos los puntos importantes de La Pasión, reflejados de una u otra manera de una forma especial en este singular entorno que Segovia ofrece a nuestra cofradía.

Y mientras vuelvo a casa, ya sin tambores, en el silencio, en mi cabeza resuena nuevamente el pum, pum, pum...., a la vez que me da por pensar si en los acontecimientos que acabamos de vivir fue peor el sufrimiento físico o el dolor de la soledad, tanto de la madre, como la del hijo.

 

Luis Cuesta Albertos