Tercera Parte

Creo que es en el año 1997 cuando ensayo por primera vez junto con Emilio, y de la mano de Garci y su caja china, quien había entrado un año antes, en una lluviosa mañana de jueves santo, (porque sólo se ensayaba esa mañana).

Es a partir de entonces, especialmente desde el año 2003 , cuando se produce el relevo generacional. Los fundadores se van retirando a la vez que la Banda crece, y es en el año 2005 cuando el último de los constituyentes, José Luis Gilsanz, “cuelga el hábito”. Ese año ya éramos 32, los que acompañábamos al Cristo. Ya redoblan los jóvenes Suko y Jorge, las chicas dan un nuevo aire al sonido de nuestro tambores y Cuesta…Cuesta habla con Agapito.

No sólo se renueva y amplia el número de componentes, sino que los viejos y destartalados trajes son sustituidos en su totalidad entre el 2004 y 2009. Se cambia el cíngulo rojo por otro blanco y rojo con borlones, se quita la Cruz de Santiago de fieltro por otra bordada y se cose al cubre tambor el escudo marista de las tres violetas.

Coincidiendo con el 25 aniversario de la fundación de la Banda, Rafa Cantalejo propone la inclusión de la carraca acompañando al sonido del tambor. En el año 2007 y 2009, respectivamente, se incorporan la carraca y los platillos, dando un matiz recio y solemne a la marcha procesional.

A día de hoy, la Banda la componen 40 miembros, de los cuales seis son cajas, veinte tambores, cinco bombos, tres carracas y cinco dulzainas.

 Las dulzainas entonan hasta ocho piezas distintas durante el acompañamiento a las imágenes en las procesiones, siendo de composición propia cuatro de ellas, elaboradas por tres de sus miembros, Fernando Ortiz, Antonio Lucio Tonet y Teresa Cantalejo. El resto pertenecen al folclore popular y fueron recogidas por el dulzainero Luís Barreno.

 Nuestro traje esta compuesto por una sotana negra con botonaje y dobladillo en las mangas en rojo oriente, caperuza de raso negro con la Cruz de Santiago bordada en rojo y oro. Sobre los hombros cuelga una esclavina de raso blanco perla, terminada con un borlón en la parte posterior; a modo de cíngulo, lucimos un condón de seda de tres hilos combinando el rojo y blanco en cuyos extremos cuelgan borlones rojos. El traje se completa con guantes blancos y un cubre tambor en rojo oriente con flecos en oro y un bordado con las tres violetas maristas.

 

Gonzalo Cuerdo